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Miércoles 24 de mayo de 2000 DIARIO SUR

SECCIÓN AL DÍA

La Junta descarta comprar la cueva de la Pileta, que estará cerrada durante dos años.

Cultura pone en marcha un proyecto para la conservación y una mejor difusión de la gruta y sus pinturas.

FRANCISCO GUTIÉRREZ. MÁLAGA

La Delegación de Cultura de la Junta ha descartado la adquisición de la cueva de La Pileta, situada en Benaoján. Las conversaciones que se han mantenido desde 1985 con los propietarios para su adquisición no han prosperado, y ahora Cultura ha ordenado el cierre de la cavidad para realizar los estudios que aseguren su conservación, trabajos que se prolongarán durante un periodo de dos años. La delegada de Cultura, Rosa Torres,  indicó que no ha sido posible que la cueva pase a titularidad pública, pero que ahora el objetivo de la Administración es proceder a un estudio minucioso de la situación de la cueva y de las pinturas, antes de tomar decisiones sobre las medidas correctoras a tomar y su reapertura ya en condiciones de visita [...] Descargar texto completo

Relacionado: Ver Boja núm 79 de 24/06/2000
 



 

Recortes de prensa

José C. Martín (30-06-00)


 

Sobre la cueva de la Pileta
Manuel M. Wallace

Tengo ante mí el artículo publicado el pasado día 24 de este mes en la página 64 de este diario de su dirección y cuyo titular dice:

‘La Junta descarta comprar la cueva de La Pileta, que estará cerrada durante dos años’. Como quiera que en el mismo aparecen algunas inexactitudes, me gustaría hacer las siguientes consideraciones y precisiones:

1. Se dice por la delegada de Cultura, Dña. Rosa Torres que (textual): Con el cierre de la cueva lo que pretendemos es realizar un estudio en profundidad de las condiciones medioambientales y del impacto que ha causado la presencia continuada del hombre en la gruta. Me parece bien esto y nada que objetar, pero no comprendo por qué no se hizo lo mismo con la Cueva de Nerja; en dicha cueva se hicieron dos importantes estudios, uno durante los años 1979-1980 por el G.E.S. de Málaga (Grupo de Exploraciones Subterráneas de Málaga) y otro a finales de los ochenta por la comisión Científica Asesora del Patronato de la cueva de Nerja; sin embargo no se cerró la cueva durante esos estudios.

2 Precisamente por esto, me causa sorpresa que se afirme por la delegada de Cultura al final del mismo párrafo que se debe determinar la carga de visitantes que puede soportar la gruta. Me pregunto: ¿se ha hecho lo mismo respecto a Nerja?; porque he podido leer hace unos días en una revista que en el último año se ha incrementado en un 15% el número de visitantes de esta cueva, algo que ha venido siendo una constante durante los últimos años.

3 No es cierto que se carezca en este momento de una topografía de la cavidad, como se afirma en el artículo. Durante los trabajos realizados con motivo del IV Campamento Nacional de Espeleología, celebrado en agosto de 1971 en Montejaque y Benaoján, se realizó el levantamiento topográfico de la cavidad por parte de un equipo de espeleólogos participantes en el mismo; el plano resultante fue publicado en 1974 junto con otros trabajos por el Servicio de Publicaciones del Instituto de Cultura de la Diputación Provincial de Málaga.

4 Posteriormente, ya en 1979, y por la Sección Espeleológica Marbellí, se procedió al levantamiento de lo que es hoy en día el mejor plano topográfico de la Cueva de la Pileta. En un número de la revista Arqueología’, y en un trabajo realizado por José Luis Sanchidrián, se dice que dicho plano se cedió por la entidad antes mencionada para dicho trabajo.

5 En la Cueva de la Pileta no se utiliza carburo para la iluminación, sino unas lámparas que se llaman ‘petromax’, que producen una gran luminosidad, aunque también desprenden mucho calor.

6 En la Pileta se han efectuado estudios biológicos, principalmente zoológicos, por eminentes investigadores; durante la primera mitad de los años noventa, por parte de algunos miembros de la S.E.M. de la Sociedad Excursionista de Málaga, entre ellos el que suscribe estas líneas, se empezó un estudio sobre las condiciones medioambientales de la cueva; dicho estudio hubo de suspenderse al no contar con la colaboración necesaria por parte de la familia propietaria de la misma. Sin embargo, el material del que se dispone hoy día, con datos desde principios de los años 70, es muy considerable e importante.

Y 7 Que deseo que se tenga siempre presente en cualquier decisión que se tome, los justos derechos de la familia que durante todos estos años, con aciertos y errores, han venido enseñando y guardando la cueva, evitando así que la Pileta pasara a engrosar esa larga lista de monumentos destruidos por la desidia, la incultura y la avaricia humana.

Manuel M. Wallace

 


José Manuel Aguilera

La Ley de Patrimonio Histórico de 1985 cedió las competencias de arte rupestre a las comunidades autónomas. Desde entonces, éstas tienen la obligación de proteger y conservar las localizaciones con arte rupestre de sus territorios. En Andalucía existen numerosas cuevas y su protección debe ser una tarea ardua, pues el estado que presentan, salvo una excepción, es muy precario. Esta situación, visible para el que conozca estos lugares (Cueva del Moro en Tarifa, numerosos abrigos en Cádiz…) convierte en paradójica la decisión de la Delegación de Cultura de la Junta de Andalucía en invertir fondos públicos en el estudio de la única cueva de Andalucía que conserva su entorno y sus manifestaciones artístico culturales en el mismo estado desde su descubrimiento en 1905, a saber, la Cueva de la Pileta (Benoján).

El que suscribe, que aprecia el arte rupestre en su conjunto, cree sin duda que el estudio debe ser una actuación secundaria, ya que la mayoría de las localizaciones existentes en nuestra comunidad continúan abandonadas a merced del expolio. Sin embargo, si la mejor cueva de arte rupestre de Andalucía y una de las mejores del mundo sufriese realmente la situación descrita en su artículo del 24 de mayo, no sólo merecería esas inversiones sino que también debería ser expropiada, pues para dicho fin se creo la Ley de Protección del Arte Rupestre.

Por ello y para conocimiento general, desearía hacer algunas puntualizaciones que los expertos pueden confirmar. La iluminación en la Pileta se realiza con lamparas portátiles de petróleo a presión y no con carburo. La carga de visitantes siempre ha estado controlada. Existen tres planos topográficos de la Pileta, el último realizado por el catedrático y ex presidente de la Federación Española de Espeleología, D. Francisco Cantos. Las condiciones naturales son excelentes. Que sirva de ejemplo la colonia de murciélagos estudiada desde hace años que refleja unas condiciones de hábitat estables. La cueva posee una póliza de seguros en la que se puede ver que jamás ha habido un problema referente a la seguridad en la Pileta.

Los arqueólogos más importantes han pasado por la Pileta dejando constancia de sus visitas en una amplísima bibliografía. Por lo tanto, es erróneo el comentario del profesor José Luis Sanchidrián al afirmar que las manifestaciones de arte rupestre de la Pileta carecen de un estudio detallado. Es más, el profesor Sanchidrián se preocupó en replicar en su diario del 24 de agosto de 1980 a un maestro de escuela de Benoján que ofrecía unas simples explicaciones referentes a las pinturas de la Pileta, pero no se molestó en defender la protección de la Cueva de Ardales, expoliada durante años y que podría haber sido otro excelente ejemplo del arte rupestre en Andalucía. ¿Debe darse más importancia al estudio que a la protección?

Hay que reconocer que todo es mejorable, pero desde el primer estudio realizado en el lugar encabezado por el considerado "Padre de la Arqueología" A. Breuil en 1911 hasta las investigaciones más recientes, se puede comprobar que las pinturas rupestres de la Pileta están en el mismo estado desde que la cueva fuera descubierta. Por lo tanto, los datos vertidos en el artículo de Francisco Gutiérrez suponen un agravio inexcusable hacia la meritoria labor realizada por los propietarios de la Pileta que durante cuatro generaciones han velado por este legado cultural de la humanidad.

José M. Aguilera



 

José C. Martín

Cuando se habla de mantener, preservar, cuidar o proteger, indudablemente y a efectos de la naturaleza, hemos de remitirnos a lo que hoy y más que nunca se conoce como ecologismo. Existen infinidad de sitios y lugares que se mantienen y conservan como cuando surgieron en su día.

Indudablemente, por mucho que se empeñe la Administración, solo la educación, el amor por la naturaleza, la sensibilidad y un mínimo nivel cultural hacen que muchas de las cosas que se exhiben o se anuncian como monumentos, parques naturales, etc., no sean precisamente modelos de conservación y de cuidados, en su sentido estricto. Concretamente, en Andalucía, no hace falta irse muy lejos para acusar recibo de cómo se degrada el llamado Parque Natural de Cazorla, Segura y Las Villas, con la proliferación de construcciones en su interior y en el corazón de dicho parque ( Arroyo Frío y aledaños, etc.), el que, en teoría, está tutelado por la Administración, en este caso Autonómica.

Por ello, cuando un monumento se encuentra en una situación de conservación tan natural, pura y sin ambages, como puede ser el caso de la Cueva de La Pileta, sita en el término municipal de Benaoján (Málaga), cualquier persona amante de la naturaleza y deseosa de encontrar lugares así, respira hondamente y suspira porque el sitio continúe así, sin demasiadas intervenciones oficiales, a ser posible las de mero trámite, dado que, en definitiva, dicha caverna es monumento nacional desde el 25 de abril de 1924.

Y es que la Administración, cuando sale más allá de los despachos, impregna de burocratismo aquellas cosas que, por sí solas, pueden marchar maravillosamente y máxime cuando, en el caso de la cueva a la que me refiero, toda una saga familiar ha puesto su esmero, cuidados, estudio y, por supuesto, conocimientos, al servicio del mantenimiento e inmejorable presentación de este valioso santuario rupestre.

Aquella primitiva denominación, en 1905 fecha de su descubrimiento, de "Cueva de los Letreros" que le diese José Bullón Lobato, abuelo de los actuales propietarios, familia Bullón Jiménez, dada la profusión de representaciones esquemáticas del periodo neolítico aparecidas a la sazón, trajo consigo la llegada hasta dicha caverna y, más concretamente hasta el entorno familiar de los Bullón, celebridades del mundo del estudio de la prehistoria como el abate Henry Breuil y Hugo Obermaier, en el año 1912.

Estuvieron ocupados algo más de cuarenta días en el estudio de las pinturas de la Pileta y, desde luego, compartiendo mesa y mantel, de aquellas austeridades serreñas, con la familia de José Bullón, propietario de la finca y de la cueva.

Es obvio que aquellas veladas culturales de campo impregnaron a esta familia Bullón de algo más que destreza y agilidad para descubrir todos aquellos vericuetos serranos y el amor de todos ellos, unido al conocimiento más exhaustivo de todo ese mundo del arte rupestre, les ha caracterizado siempre como profundos conocedores del tema.

En 1915, el príncipe Alberto 1 de Mónaco —que visitó también la cueva en 1912 junto a Brueil y Obermaier— sufragó y costeó la producción de la monografía ‘La Pileta a Benaoján que escribieron estos dos insignes prehistoriadores y cuya publicación hizo el Instituto de Paleontología Humana de París

En épocas posteriores, personalidades del mundo científico en estas lides, como los profesores Pérez de Barradas, Jordá Cerdá, Pericot García, de la Mata Carnaza, Beltrán Martínez, Arribas Palau, Ripoll PerelIó o el mismo Alexander Marshack, de EE.UU., no sólo han estudiado las pinturas de La Pileta —concretamente, refiriéndome al profesor Marshack, haré mención a su trabajo en el número cuatro de la revista ‘Horizón’, en 1976, titulado ‘La huella del hombre de Cromagnon-Paleolítico Superior’, referido a tan famosa Cueva de La Pileta—, sino que, además, han departido, largo y tendido, en sabrosas jornadas con la familia Bullón, propietarios de la cueva, deduciéndose de todas esas convivencias culturales una admiración profunda de todas estas personalidades hacia esta familia en su conjunto, por la dedicación, la delicadeza y el enorme y vasto conocimiento que todos ellos han puesto continuamente de manifiesto.

Y justo es decir, como alegato admirativo al monumento y a sus cuidadores y propietarios, que la primera vez que visité esta cueva fue hace ahora casi treinta años, justo el 4 de noviembre de 1970.

La he visitado infinidad de veces, y siempre he tenido la agradabilísima  sensación de haberla vuelto a redescubrir. Y no por otra cosa, sino por el hecho fundamental y básico de hallarme siempre en un medio absolutamente natural, sin artificialidades, luminotecnia ni otros recursos que operasen en menoscabo de la autenticidad y de la belleza  ( in puris naturalibus) de ese glosario rupestre.

Es de significar la desmasificación de que se goza en sus visitas, pues jamás entran grupos superiores a la veintena de personas y el misterio redescubridor y aventurero que, para el visitante interesado, tiene el ir alumbrado con una lámpara de petromax, en medio de la oscuridad que, por otra parte, presenta todas esa pinturas rupestres con la magia, el silencio y la paz que todo ello requiere.

Indudablemente, el sistema no será perjudicial, en tanto al decir de los informes emitidos, concretamente el último relativamente reciente del profesor Eduardo Ripoll y Perello (1994), las pinturas se hallan en idéntico estado de conservación a como las vieron y estudiaron, en  1912,  el abate Breuil y H. Obermaier;  o sea transcurridos ochenta y ocho años, pues fue el 12 de abril de dicho año, cuando se dieron por concluidas las investigaciones de estos dos paleontólogos.

Dicho eso, sólo deseo que La Pileta continúe siendo ese lugar mágico y en el que se respete su más puro estado natural, tal como hasta ahora, con el permiso de la autoridad competente, como se dice en el argot taurino...

José C. Martín

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